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Jane Jacobs

“Las calles y banquetas, los principales espacios públicos de una ciudad, constituyen sus órganos más vitales ”

                         

Jane Jacobs

 

Si a alguien hay que dar el crédito de que Nueva York sea la espléndida y vibrante ciudad, tan diferente de la mayoría de las ciudades norteamericanas, que es hoy en día, es a Jane Jacobs, una pequeña mujer sin estudios en arquitectura o planeación urbana que en 1934 se muda a la ciudad para vivir en las calles de Hudson en la zona conocida como Greenwich Village, en donde trabaja como secretaria en una tienda de dulces y comienza a escribir de manera independiente sobre la ciudad que la rodea para las revistas Q y Vogue y para el periódico New York Herald Tibune.

En 1961 se publica su libro “Vida y Muerte de las Grandes Ciudades Norteamericanas” desatando un ataque feroz a los principios con que ya se estaban construyendo las “ciudades modernas”, confrontando a las vacas sagradas del “Urbanismo del siglo XX” y desmantelando sin piedad sus teorías y prácticas, cambiando por completo con un lenguaje claro y accesible, los conceptos sobre planeación urbana y reinventando la manera como el mundo debería ver la ciudad, mostrando claramente con un irrefutable sentido común como en la medida en que políticos y constructores iban avanzando en su urbanización y reconstrucción, iban matando simultáneamente la vida y el alma de las ciudades, robándoles la esencia de la experiencia urbana.

Jacobs critica a todos esos urbanistas centrados en la arquitectura grandiosa y solitaria, sembrando edificios aislados, recreo y orgullo de arquitectos y millonarios, creyendo que el hombre busca el orden, el silencio, la soledad y la monotonía, sin darse cuenta de que es precisamente ese aparente desorden, el ruido, la diversidad de construcciones, el dinamismo de las clases sociales y la mezcla de usos la que hace latir el corazón de barrios y ciudades de la mano de sus ciudadanos. Ella nos dice: “Las intrincadas mezclas de diferentes usos en las ciudades no son una forma de caos. Por el contrario, representan una forma compleja y altamente desarrollada de orden”.

Los enfrentamientos de Jacobs con el poderoso Robert Moses, el “maestro constructor” de Nueva York, quien tenía ya en marcha varios proyectos de vías anchas y rápidas de 10 carriles para automóviles, cruzando y desmembrando la ciudad en ambas direcciones y borrando del mapa el parque de la Plaza Washington, se tornaron en batallas de David contra Goliat que movilizaron a los habitantes de los barrios afectados y acapararon fuertemente la atención de los medios a todo lo largo de la Unión Americana, largas disputas de las que Jacobs salió victoriosa, mandando los proyectos de Moses al olvido.

Todo esto sucedió hace medio siglo, el mismo medio siglo en que políticos y constructores de todo el mundo, incluyendo Guanajuato, han estado tasajeando nuestras ciudades con anchas vialidades orientadas a una apuesta fallida a la movilidad en automóvil, expandiendo las ciudades y segregando usos y clases sociales. Las lecciones de esta mujer admirable no solo nos hacen ver la manera correcta de construir barrio y ciudad, ciudades para las personas, vida en las calles caminando a todas partes, ciudades en donde la florista, el abarrotero, el tintorero, el dueño de la fonda y los marchantes del mercado son gentes de carne y hueso con un nombre y una historia, banquetas en donde se saludan lo mismo el banquero, que el vecino, el estudiante o el bolero; su ejemplo también nos muestra a los habitantes pasivos que somos, hasta donde puede llegar la fuerza ciudadana, como una pequeña mujer armada con sentido común puede mover a la sociedad y detener las aberraciones de los poderosos.

Jacobs nos sugiere a todos:

“Tienen que salir y caminar. Caminando verán que muchos de los supuestos en que se basan sus proyectos están visiblemente equivocados”.

 


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