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Desarrollo de barrios tradicionales

“Los urbanistas amateurs acostumbrados a imitar crearon grandes lugares. Son los profesionales de las últimas décadas los que han arruinado nuestras ciudades y nuestros paisajes con sus invenciones.”

Andres Duany, líder del movimiento Nuevo Urbanismo

 

Desde que el hombre es hombre se ha agrupado en aldeas buscando seguridad, apoyo y convivencia, agrupaciones de construcciones primitivas en donde se distribuían las actividades y se jerarquizaban las responsabilidades, en donde los pequeños crecían e iban aprendiendo los diversos oficios, en donde celebraban sus ritos y festividades sociales y religiosas, en donde los jóvenes se ganaban su lugar en la comunidad y se formaban las parejas para crear nuevas familias que iban ampliando la aldea hasta conformar pequeños o grandes poblados compartiendo hábitos y costumbres que les daban un sentido de pertenencia caracterizado por formas de hablar, de vestir, de construir, de comer, de destacar en oficios y actividades y de escribir juntos una historia compartida.

Durante toda la historia de la humanidad las ciudades se construyeron como evolución de esta instintiva y natural forma de vida en sociedad y en todos los continentes del orbe se multiplicaron las aldeas, villas, barrios, colonias, ciudades y países de esta manera, todo estaba cerca, todos se conocían y el espacio lo compartían por igual ricos y pobres, nobles y plebeyos, autoridades y sacerdotes, artesanos, comerciantes, campesinos y guerreros. Aún cuando muchos de estos poblados se convirtieron en grandes ciudades, conservaron estos principios intuitivos e invariables: vivir cerca, tener todo a la mano, combinar niveles sociales, mezclar usos y caminar como principio básico de movilidad.

El barrio no se limitaba a la parte física de sus calles, plazas, parques, casas y edificios, en ese contexto urbano se daba la interacción social y comunitaria, la verdadera esencia del barrio, la forma como la gente interactuaba dentro de ese entorno: conocerse, saludarse, reunirse, encontrarse, enterarse de los chismes, enamorarse, ayudarse, enojarse y reconciliarse, trabajar, participar, compartir, jugar, luchar, enseñar y aprender, vender, comprar e intercambiar. Una riquísima vida en comunidad a la que todos tenían acceso con tan solo cruzar el umbral de la puerta de su casa.

Fue después de la segunda guerra mundial cuando, con el advenimiento del trinomio perverso petróleo-automóvil-asfalto y todo lo que este trajo consigo, que se vino abajo esta tradición milenaria de construir ciudad y, en unos cuantos años, de la mano de una desorbitada explosión demográfica se dio paso a la forma en que nuestras autoridades han construido y siguen construyendo las ciudades Distantes, Dispersas y Desarticuladas que padecemos.

Andrés Duany fundador y líder del Congreso del Nuevo Urbanismo, que busca darle fin a la expansión suburbana y la desinversión y abandono de los centros históricos de las ciudades, es uno de los expertos que sugerimos traer al estado para que nos asista en salir del atolladero urbano en que nos encontramos y nos ayude a regresar al antiguo y funcional urbanismo, heredado de nuestros antepasados y del que nunca debimos habernos alejado.

En los Estados Unidos, la meca de las ciudades extendidas y sectorizadas, Duany ha logrado con éxito influir para modificar las leyes, normas y reglamentos en vigor que, como aquí en Guanajuato han sido diseñados para obligar a constructores y desarrolladores a hacer exactamente lo contrario: sectorizar, extender, alejar y dificultar los traslados a pié obligando a usar el automóvil.

Les comparto algunas frases del Sr. Duany:

"Hoy vivimos en ciudades y suburbios de forma y carácter que no elegimos. Nos han sido impuestos por políticas federales, leyes locales de zonificación y demandas del automóvil."

"Si logramos revertir estas influencias - lo cual puede hacerse –entonces será posible crear un entorno diseñado a partir de las verdaderas necesidades de los individuos, que conduzcan a la formación de comunidad y a la preservación del paisaje."

"El barrio tradicional, representado por usos mixtos, comunidades peatonales de variada población, ya se trate de pueblos aislados o agrupados en villas y ciudades, ha demostrado ser una forma sostenible de crecimiento. Nos permite desarrollar el continente sin necesidad de llevar el país a la bancarrota o destruir el campo en el proceso ".

"Incluso en densidades de población relativamente bajas, la expansión de las ciudades tiende a ser económicamente inviable, consumiendo la tierra a un ritmo alarmante, a la vez que va generando insuperables problemas de tráfico y exacerbando la desigualdad social y el aislamiento."

Para nosotros aquí en Guanajuato existen dos asignaturas pendientes en este sentido, por una parte asegurarnos que los nuevos desarrollos estén orientados a ajustarse a esta filosofía y por otra la colosal tarea de reconvertir los disfuncionales desarrollos de vivienda existentes en verdaderos barrios humanos sustentables.

Nuestros candidatos a legisladores y alcaldes no deberían limitarse a escuchar a la gente y hacer promesas al vapor con el único propósito de ganar la elección en el corto plazo, debería ser un requisito indispensable que conocieran a fondo y fueran expertos en el tema de Desarrollo de Barrios Tradicionales, indispensable para volver a crear grandes lugares y, llegado su momento, sean capaces de promover los cambios para mejorar las ciudades y la calidad de vida de nosotros y de nuestros hijos.

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