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Educando a las Niñas

“Una niña, aunque esté tan solo medianamente educada, será más consciente de la planeación familiar, de la atención a la salud y en su momento de la propia educación de sus hijos.”

Azim Premji, magnate del software en India.

Este viernes pasado, Malala Yousafzai una adolescente paquistaní de tan solo 17 años obtuvo el premio Nobel de la paz, baleada hace dos años en la cabeza por un talibán por desafiar la prohibición de estos terroristas a que las niñas sigan estudiando después de la primaria y salvada milagrosamente del terrible atentado, es ya un símbolo mundial del derecho de las niñas a la educación.

Aproximadamente la mitad de las trabajadoras en mi fábrica son y han sido mujeres, cada una lleva su propia y conmovedora historia personal, en los años que llevo de empresario he encontrado ciertos patrones que explican de alguna manera el circulo de pobreza, marginación, desnutrición, mínima educación y rezago que viven los bebés de zonas marginadas en México y que derivan en un círculo mayor de pobreza, violencia familiar, promiscuidad, adicciones, pandillerismo y fracaso de una parte demasiado importante de la población.

Jovencitos que presionan a las chicas y chicas que acceden por debilidad, ignorancia, baja autoestima o bajo los efectos del alcohol a muy temprana edad a los jugueteos sexuales que aprenden de compañeros mayores, de la tele, el cine, la Internet y los medios impresos, para que de una forma cada vez más natural e irresponsable den paso a una relación sexual con el consecuente embarazo indeseado. Lo que sigue es la historia repetida miles y miles de veces todos los días en todo el país: abortos peligrosos que marcan para siempre a las jovencitas, madres solteras, parejas inmaduras arrejuntadas y arrimadas a la familia propia o política o bodas forzadas en el mejor de los casos, bebés no deseados que las orillan a dejar la escuela y su vida en familia cuando todavía no se han descubierto como adolescentes o personas y no se han dado la oportunidad de hacer para si un proyecto de vida y, de la noche a la mañana se convierten en madres o padres con toda la carga económica y emocional que conlleva la paternidad y comienzan a marchitarse a gran velocidad comenzando a trabajar a muy temprana edad. Por su parte los bebés quedan al cuidado de parientes con poca preparación y con otras prioridades para sumarse a los millones de bebés mexicanos mal atendidos, mal educados, peor alimentados y que bajo un estigma de baja autoestima repetirán, aparentemente en un círculo sin fin, las historias de pobreza que se escriben a diario en nuestro México lindo y querido.

Lo que yo he visto en la empresa es que, en general las mujeres son más ordenadas, más responsables, más fuertes. Un amigo mío solía expresarse de ellas como seres superiores. Aparte de cumplir con sus obligaciones familiares faltan menos, son más limpias y ordenadas en su persona y en el trabajo, tienen las máquinas en mejor estado y asimilan más rápidamente la cultura de buenas prácticas que nos exigen nuestros mismos clientes.

La educación de las mujeres es una palanca enorme para el desarrollo de un país, finalmente todos los bebés pasan por sus manos y sus cuidados.

El primer paso lo tenemos que dar nosotros como padres responsables dando a nuestros hijos un buen ejemplo y estando al pendiente de ellos, acompañándolos en cada una de sus etapas, supervisando lo que ven, con quien andan, a dónde van, mostrándoles cariño y apoyo que incida positivamente en su seguridad y su autoestima.

Sin descuidar desde luego la educación de los varones, a quienes hay que inculcarles valores de respeto al sexo opuesto y de responsabilidad por lo que puede ser una nueva vida, un esfuerzo adicional orientado y enfocado especialmente a las niñas en temas que les permitan ser concientes de la importancia de la elección de una pareja, de la gran responsabilidad que implica ser esposa y luego madre, de sacar adelante a un hijo, atendiendo a su salud, a su nutrición y desde luego a su educación podría tener un impacto espectacular en el futuro y ayudaría enormemente a salir de este triste círculo en que nos encontramos.

Como ciudadanos también tenemos nuestra responsabilidad, desde aquí hago una atenta y abierta invitación a mis amables lectoras y esposas de empresarios y ejecutivos para que donen una hora a la semana de su tiempo y se sumen a los espléndidos programas de ANSPAC y AMSIF orientados a desarrollar a las trabajadoras y las esposas de los trabajadores dándoles formación moral, humana, habilidades y talleres para ir formando un ejército de mujeres mexicanas preparadas y dispuestas a romper este círculo de atraso.

En el conmovedor discurso en la ONU que les comparto al final del artículo la laureada jovencita pakistaní expone con convicción como “una niña, un maestro, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo”.

Javier Hinojosa
Presidente del Iplaneg
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