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La inconclusa historia de una rotonda improvisada

“No hay mal que por bien no venga.”

                                                                         Refrán popular

El escenario:

Esta historia sucede en el transitado crucero que forman el recientemente inaugurado bulevar del Valle que recorre de oriente a poniente los Pueblos del Rincón, obra sobrada de 6 carriles de concreto hidráulico, camellón con bancas, ciclovías y canal de desagüe para las aguas pluviales, y el bulevar Juventino Rosas, arteria vital de la dinámica zona conurbada.

Los congestionamientos:

Este crucero, como muchos en nuestras ciudades, cuenta con un costoso y sofisticado sistema de semáforos de última generación que le da su tiempo tanto a autos como a bicis y peatones, contando de manera regresiva los segundos que le faltan a cada quien para que le toque su turno. Una vez puesto en marcha el mecanismo electrónico de esta tecnología de la era espacial provista de sonido para invidentes, pantallitas con bicis y muñequitos parados o caminando mientras cambian lentamente los numeritos de los segundos, asegura que pasen en un momento dado el menor número posible de vehículos por el crucero y se vayan apilando de manera exponencial en cada uno de los accesos el mayor número de autos y camiones.

El desperfecto:

Quiso nuestra buena suerte que arreciaran las lluvias y que con los torrenciales aguaceros se multiplicaran los apagones y con ellos se dañaran los delicados circuitos electrónicos que hacían posible la magia de estos ordenados y perennes congestionamientos que tan útiles han resultado para templar la paciencia, la tolerancia, el estoicismo, la serenidad y el aguante de los sufridos conductores rinconenses.

El caos:

Ya sin semáforos se desata el desorden en la ciudad, ya que otros 5 cruceros se ven afectados por la misma causa y a duras penas se movilizan los pocos agentes y policías disponibles para tratar de poner las cosas en orden; el crucero que nos ocupa es quizás el más critico y es tomado con determinación por un par de policías armados con silbatos y buena voluntad quienes en poco tiempo se dan cuenta de lo abrumador y poco sostenible de la encomienda.

                                                   

La solución desesperada:

Me gustaría conocer para abrazar efusivamente al autor intelectual, sin embargo es fecha que ignoro quien tomó la iniciativa de colocar en el centro del crucero 5 conos intercalados entre 5 destartalados trafitambos (Nombre oficial con el que se conocen los populares barriles anaranjados multiusos que abundan en las vialidades en construcción), formando algo vagamente parecido a un círculo, adornados con un par de cartulinas a cada lado, pintadas a plumón con tres flechas en forma de círculo coronadas con un letrero donde se lee “GLORIETA” (para aclararle de que se trata a los muchos que aún no entendían la jugada). Los policías se quedaron unas horas tratando de explicarle a los conductores a señas y girando como bailarinas de que se trataba de imaginarse que ahí había una glorieta a la que había que darle la vuelta. Yo creo que se cansaron y mejor se hicieron a un lado, fue entonces cuando la gente entendió el juego y comenzaron a recordar de manera natural y colectiva lo que habían hecho mil veces y por muchos años en la legendaria pero tristemente difunta glorieta del tejedor y he ahí que, como por arte de encantamiento, el tráfico comenzó a fluir, las filas y demoras interminables desaparecieron, los conductores empezaron a sonreír, la dura vida sobre el automóvil se tornó más llevadera, el sol comenzó a brillar para todos y en el corazón de los rinconenses comenzó a aletear una nueva y vivificadora esperanza al ver que las autoridades finalmente comenzaban a utilizar la creatividad, la improvisación y el sentido común para resolver los problemas que aquejan a la ciudadanía.

Las lecciones:

Muchas enseñanzas se desprenden de esta insólita circunstancia, la primera es desde luego la que muestra una agilidad e iniciativa poco común en nuestras autoridades, la segunda es que, llegado un momento de crisis, se vale improvisar y romper los tabúes convencionales a fin de dar solución inmediata a los problemas, que hay soluciones sencillas y baratas que permiten poner a prueba alguna hipótesis y que si no funcionan es posible regresar sin costo ni consecuencias a la situación anterior. Quiero imaginar que si se atendieran con igual determinación y creatividad algunas de las crisis en las que estamos entrampados de manera permanente como lo pueden ser la educativa por la que pasan nuestros adolescentes y jóvenes, la del transporte colectivo por la que pasan los muchos ciudadanos de escasos recursos o la de la inseguridad por la que pasamos todos, por mencionar solo algunas, otro gallo nos estaría cantando.

Otra gran lección es la de ver que este tipo de soluciones urbanas promueven una forma de cultura de participación y democracia en la ciudad y que el ciudadano común aprecia las decisiones atinadas y tiene iniciativa y madurez suficiente para negociar con civilidad y sin supervisión su turno y espacio en una rotonda y en la ciudad.

La historia por escribirse:

¿Que va a suceder ahora que reparen las tarjetas de los semáforos y vuelvan a funcionar “normalmente”?, ¿Aceptaremos mansamente regresar al suplicio de mirar los numeritos que se mueven de manera regresiva en lo que parece una eternidad después de una semana de disfrutar las mieles de la eficacia y la fluidez del tráfico?, o ¿Levantaremos con firmeza nuestra voz ciudadana con frases como: ¡Rotonda Sí, Semáforos No!?

En lo personal, yo que paso por este crucero cuatro veces al día, estoy dispuesto a mover lo que esté a mi alcance para que, de una vez por todas se supriman los inútiles semáforos y se hagan los arreglos necesarios para transformar la glorieta improvisada en una rotonda en forma con toda la tecnología de la que hemos hablado en colaboraciones anteriores en donde los peatones cruzan de manera segura antes de llegar a ella y la geometría de su diseño mejora la seguridad y eficiencia del sistema.

No se pierda el desenlace de esta apasionante historia.

Javier Hinojosa

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www.javierhinojosa.mx

 


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