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El sueño del Belén

“No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”

                                                                                                           Adam Smith

 

Belén es una joven madre con dos hijos pequeños de 7 y 5 años que, como tantas madres jóvenes vive en en una casita que está pagando en las afueras de la ciudad, para darle una mejor educación a su hija mayor ha escogido una escuela que se encuentra cerca del centro de la ciudad.

De lunes a viernes se levanta muy temprano para preparar a su hija Valeria y al pequeño Mauricio a quien deja después en el preescolar. Camina con sus 2 hijos el trecho que la separa de la “Parada” del camión cruzando el terregoso, oscuro y solitario baldío que funciona como campo de futbol y llega hasta donde está el destartalado letrero azul con la imagen de un autobús que se encuentra a pie de carretera y ahí, mientras desayunan, se disponen pacientes a esperar el primer camión ante el paso de vehículos apresurados de quienes tienen que cuidarse ya que en época de lluvias le han manchado de lodo el uniforme a Vale.

Es el camión de las 7 de la mañana, ella sabe que si se espera al siguiente corre el riesgo de que su hija llegue tardeimagesCAZOKXRV a la Escuela y no la dejen entrar, además de que ya le había prometido a sus hijos que nunca más los iba llevar “de mosca” en el estribo del camión como la otra vez que tuvieron tanto miedo.

Ya en el camión el conductor con malos modos le dice que se pase hasta atrás y que le pague a la salida, de nada le sirve a Belén pedirle que le cobre de una vez dado lo difícil que es cruzar el camión con los niños y las mochilas cuando este está lleno y reclamarle, como todos los días el porqué le cobra $3.50 por el pequeño si tiene menos de 6 años ya que se suman a los $27 pesos diarios que gasta en pasaje.

Lleva una frazada pues es invierno y sabe que a los destartalados camiones les faltan ventanas y, en el piso hay agujeros por donde se cuelan el polvo y el frío, Belén observa impotente como el conductor apura con el acelerador a una viejecita que sube con dificultad por los escalones y, ya en movimiento, abraza a sus hijos para sostenerlos en el desenfrenado vaivén de la travesía.

Como no le alcanza para regresarse, espera en casa de su madre a que salgan sus hijos de la escuela, ahí se sienta y se sueña frente a las autoridades del municipio contándoles su diario batallar para llegar a la escuela. Se sueña pidiéndoles que se pongan en sus zapatos y que, aunque sea por un día se bajen de su automóvil y la acompañen y vean lo que, callados e impotentes viven y sufren a diario tantos usuarios como ella. Se sueña rogándoles que hagan algo para mejorar este servicio ineficiente, peligroso, grosero y caro.

…Créanme mis 4 fieles lectores lo que les voy a decir: este viernes pasado fui testigo de una escena sumamente emotiva, esta pluma que les habla estuvo presente en una mesa en donde estaban sentados no sólo losPresidentes Municipales de San Francisco y Purísima del Rincón con sus encargados de transporte y regidores correspondientes, sino también el director de Transporte del Estado y el del Iplaneg y ahí, atentos y conmovidos, escuchamos todos como esta misma Belén, la madre joven con dos hijos de esta historia nos platicaba con detalles su cotidiana epopeya para moverse en la ciudad.

El sueño de Belén es el sueño de miles de usuarios en todos los municipios del Estado, el sueño de un Estado en donde las rutas tengan lógica, los paraderos sean dignos, los autobuses pasen a tiempo, las unidades sean cómodas y modernas, los conductores sean precavidos y corteses, y las tarifas sean accesibles.

Yo me pregunto: ¿Seremos capaces de hacer realidad el sueño de Belén?

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