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Un sueño posible

“Es cierto que no podemos cambiar las circunstancias en las que nacimos y algunos de nosotros lo hicimos en lugares más duros que otros. Pero solo porque empezamos allí no significa que allí tengamos que terminar .”

Michael Oher. Estrella de futbol americano.  

 

Hace 17 años, por iniciativa del actual gobernador cuando era alcalde del municipio de Purísima del Rincón, un grupo de 4 amigos empresarios fundamos en las afueras de la ciudad en una zona bastante marginada, la Escuela de Educación especial Nueva Esperanza con el objetivo de atender a la población de niños y jóvenes con discapacidad o de lento aprendizaje de la región. Con el paso del tiempo se fueron construyendo varias aulas, un auditorio, dos modestas canchas, una de baloncesto y otra de fútbol y eventualmente nos quedamos mi señora y yo a cargo del patronato de la escuela. Al ver que otra instancia gubernamental comenzó a proporcionar el mismo servicio, nos quedamos solo con la especialidad de atención a invidentes y débiles visuales y decidimos transformarla en un Centro Comunitario en donde más de un centenar de niños en dos turnos hacen sus tareas, practican deportes y actividades extracurriculares, jóvenes que toman cursos en linea proporcionados por la UVEG o presenciales con el INAEBA, mujeres que atienden cursos de cocina, manualidades y superación personal y, con insumos del DIF, varias madres voluntarias hacen milagros para proporcionarles a los niños alimentos que para muchos de ellos es su comida fuerte del día.

Como en tantas colonias marginadas, en muchos hogares de esta zona se viven dramas cotidianos de violencia intrafamiliar, abandono paterno, promiscuidad, abusos, alcoholismo, drogadicción, desnutrición y embarazos prematuros, ocasionando que los niños en estas circunstancias sean presa fácil del ocio, de la deserción escolar, de las drogas, y el pandillerismo.

No sé en que momento los valores familiares se empezaron a deteriorar, lo cierto es que es un fenómeno que se ha venido dando de manera estrepitosa en zonas marginadas y residenciales por igual, madres que trabajan y padres ausentes que dejan un vacío cubierto por la campaña intensiva, omnipresente e indiscriminada de escenas de sexo, violencia y exaltación de anti-valores en la televisión, la radio y los medios impresos, la exposición cercana y familiar a drogas suaves y duras, al sexo irresponsable, al ejemplo que dan a los menores las pandillas de jovencitos sin oficio y las hazañas de los narcos alabadas en corridos, películas, noticias y videos que van forjando perversas aspiraciones en la dúctil personalidad de los menores.

Con el ánimo de fortalecer los valores y crear actividades en familia en la zona, hace algunos meses nos dimos a la tarea de montar sesiones de cine motivacional los sábados por la noche. Como tantos proyectos que se inician con buena voluntad y poca experiencia nuestras primeras dos sesiones fueron un rotundo fracaso: una equivocada selección de la película, una pobre promoción y deficiencias técnicas de audio y video, hicieron que lo que empezaba con una asistencia multitudinaria terminara como fúnebre desierto.

Este sábado, con el aprendizaje de los 2 fracasos anteriores, nos armamos con un buen proyector, un par de bocinas de buena factura, una mejor promoción, un par de cortometrajes introductorios al tema de la familia que presentó mi amigo Ramón, acompañado de dos jovencitos rescatados por el del pandillerismo y la película “Un sueño posible” con Sandra Bullock, y logramos la impresionante hazaña de retener a cerca del 70% de la heterogénea audiencia compuesta de padres, niños, jóvenes, bebés y uno que otro despistado, todos atentos a la conmovedora historia de Michael Oher el joven gigantón de color, quien adoptado por una familia rica a pesar de sus misérrimos orígenes, sale adelante, termina la universidad y se convierte en una súper estrella del futbol americano. El mismo sueño que nos alienta a nosotros cuando vemos a algunos de nuestros jovencitos terminar la prepa e ingresar a la universidad.

Con 2 millones de pobres en el estado y medio millón de ellos tan solo en la ciudad de León que nacen y viven estas circunstancias difíciles, se impone una campaña en donde tenemos que ir de la mano ciudadanos y gobierno priorizando el apoyo a los menos favorecidos sobre muchos otros proyectos gubernamentales, empresariales e incluso personales.

No se ve remedio a la vista para disminuir las tremendas desigualdades que prevalecen en estos tiempos, nuestros gobiernos han sido tibios e ineficientes y los índices de pobreza y delincuencia, por más que se maquillen, no ocultan la realidad que se vive en las calles y en las zonas marginadas. No podemos quedarnos esperando a ver que hace el gobierno o a que venga la ONU a hacer algo por esos niños que están a las orillas de nuestras ciudades.

Sin tener que llegar tan lejos como lo hizo la familia Tuohy con el joven Oher que lo adoptaron y lo llevaron a su propia casa, tu y yo amable lector podríamos acercarnos y convertirnos en tutores de uno por lo menos de esos niños que están ahí a nuestro alcance, que todavía esté a tiempo de ser moldeado y que todo lo que necesita es un “empujoncito” de alguien como tu o como yo que tenemos la dicha de vivir en mejores circunstancias, la fortuna de estar mejor preparados para sortear la vida, la capacidad de influir en nuestro entorno y que con muy poco de nuestro tiempo y voluntad podríamos cambiarlo para que no tenga que terminar en las mismas tristes circunstancias en las que le tocó nacer, o convertirse con el tiempo en una amenaza para nosotros mismos o nuestros hijos.

Javier Hinojosa

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